Liberación de espacios como centros sociales autogestionados
De la misma manera que ante los problemas para conseguir una vivienda cada vez más gente ocupa casas, reivindicándolas o no, el proceso de despersonalización y aborregamiento al que se nos está conduciendo, más aún en ciudades como Barcelona, está provocando como reacción que cada vez más gente se organice y ocupe espacios, liberándolos, para crear centros sociales como forma de autogestionar nuestros propios espacios al margen del control social.
La televisión, los grandes espectáculos de desfase colectivo o el show del voluntariado, lejos de relacionar a las personas entre sí (nunca fue ese su objetivo) provoca el alejamiento humano, la desconexión entre quienes viven en las mismas condiciones de explotación y marginación, que sólo se reencuentran o hablan de algo cuando sale en la tele o cuando se les convoca para la fantasmada del mes (fútbol, Europa for Bosnia, huelgas-espectáculo…). De esta manera, consiguen que l@s vecin@s de un barrio ni se inmuten cuando a l@s de la manzana de al lado les expropian la casa y l@s hacinan en bloques del extrarradio; o que cualquiera que plante cara a la brutalidad policial sea marcad@ como violent@. Esta desestructuración de las relaciones entre iguales, ni es una fatalidad del destino ni un error del sistema sino que está programada para que así ocurra. Potenciando la competitividad y la incomunicación nos relegan al papel de meros espectadores de nuestras vidas, neutralizando la posible reacción solidaria de l@s que estamos abajo, para que todo siga igual o peor. Por eso, es vital la recuperación de espacios donde poder divertirnos, hablar y pensar lo que queramos, saber e informar de las luchas de otros lugares y conocer mejor la realidad de aquí mismo.
Centrándonos en Carcelona, la reivindicación de espacios para la autogestión de actividades populares viene de lejos y se expresó más claramente a través de los movimientos vecinales de los 70 y principios de los 80. Por eso la red de centros cívicos, que por aquel entonces empezó a implantar el Ayuntamiento, tubo desde el principio el objetivo de controlar la fuerza de estos movimientos, reconduciéndolos a un terreno donde la política ha hecho el resto para desarticularlos; otro tanto ha pasado con los casales para la mujer, jóvenes, viej@s… Si bien al principio en estos lugares "se hacían cosas guapas", el juego entre la Administración y muchas asociaciones, que sucumbieron al control de los partidos políticos, se cargaron toda iniciativa realmente popular. Así ocurrió, por ejemplo, con el Centro Cívico de La Sedeta, en Gracia, que en un principio fue ocupado por colectivos del barrio y con el tiempo ha ido muriéndose; o las Cotxeres de Sants donde se cobran precios abusivos por la utilización de un bien, que se supone publico, y donde se está invirtiendo de cara a su privatización. En la mayoría de estos centros se utiliza mano de obra gratuita a cuenta de los objetores, y cuando un colectivo de jóvenes intenta llevar a cabo cierto tipo de actividades reivindicativas la censura está al orden del día.
Así que al final, para qué vamos a pelearnos por conseguir un cuartucho de mala muerte (además con condiciones de por medio) cuando en toda la ciudad hay tantos espacios grandes y guapos para ocupar. Partimos de la idea de que no tenemos porque pagar un duro por recuperar algo que nos están quitando día a día. Las ocupaciones, por grupos de jóvenes principalmente, para montar centros sociales autogestionados vienen dándose desde hace anos, sólo que últimamente han ido cogiendo más fuerza en un proceso de lucha constante por crecer. El enfrentamiento con la justicia del Estado es constante, así como una represión policial mucho más contundente de lo que nos hacen creer y que va más allá del desalojo: fichas policiales, palizas y compañer@s en la cárcel gracias a juicios-montajes.
La estigmatización como tribu urbana por parte de los mass-media sigue jugando su papel en la represión, justificando a la Policía, a la vez que distorsiona lo que hacemos, alejándonos de otra gente que a su manera también lucha por su espacio.
Los Centros Sociales Autogestionados (CSA) surgen de las más diversas maneras, desde grupos de chaval@s que se ocupan un keo pa' montarse un apalanque a su aire y que a partir de ahí deciden abrir su historia, a proyectos más concretos por parte de colectivos que normalmente ya tienen experiencia en el tema. Tod@s coincidimos en una forma de funcionamiento más o menos asamblearia, porque entendemos que la autogestión va más allá de la autonomía frente a la Administración. Autogestionar un centro social significa que la toma de decisiones y el trabajo que conlleva es asumida colectivamente, desde lo que se pretende hacer, como se va a hacer, conseguir la pasta si es necesaria… en definitiva, rechazamos cualquier tipo de delegación en el funcionamiento de nuestros espacios, ya que si no queremos ser espectadores tenemos que empezar por cargarnos el decorado. Se acabó lo de que un@s deciden y hacen mientras otr@s miran y aplauden (aunque se aburran mortalmente). En los CSA se desarrollan topo tipo de actividades: talleres de aprendizaje gratuitos, debates, contrainformación, teatro y proyecciones; así también como locales de reunión para colectivos que pasan ampliamente del afán integrador del Sistema. Pero si por algo se nos conoce más es por las fiestorras que montamos, fiestas solidarias en las que el dinero que se consigue se manda a pres@s, o sirve para financiar movimientos de lucha como la insumisión, o para la autogestión del propio centro. Fiestas que son tan necesarias como el debate o la acción directa, pues no entendemos la lucha como un sacrificio, o una entrega en aras de la victoria final, sino como la revolución más divertida posible que podamos imaginar y conquistar con el día a día.
Assemblea d’Okupes Barna